Nuestra Historia

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Nuestra Historia

El respeto, la calidad, la responsabilidad, la honestidad y el trabajo en equipo. Cinco valores que unieron, a principio de los años 90, a dos jóvenes emprendedores, visionarios, llenos de fuerza y esperanza. Camilo Avendaño Zapata y Ramiro Franco Duque, dos apasionados por la medicina natural, fieles creyentes en que a través de las plantas y las bondades de la naturaleza, se puede mejorar la vida de muchos seres humanos.

A Don Ramiro lo acompañaba la seriedad, la madurez y la experiencia. Persona estable, de carácter firme, fiel a sus principios y a su familia. Quien aprendió empíricamente todo acerca de la industria farmacéutica y se esmeró por conocer el funcionamiento de la misma de principio a fin, enfocando su atención en la producción de medicamentos naturales, pues la posibilidad de generar opciones que, sin afectar el organismo de las personas, les ayudara con sus enfermedades o dolencias, le despertaba notablemente su interés.

Por la misma época, Don Camilo apenas tendría 30 años cuando sentado en los campos verdes de la Universidad de Antioquia pensó que quería que su Química Farmacéutica llegara a ser un motor que apalancara la industria naturista y se convirtiera en la oportunidad de generar productos que aportaran a la salud y al bienestar de las personas.

Los sueños de un joven aguerrido, esforzado y valiente nunca se verán truncados por las circunstancias adversas o por las condiciones desfavorables. Don Camilo salió de su universidad con un reto, con una meta, con un sueño que, sin imaginarlo, un día iba a ver materializado en realidad.

Su esposa, Doña Stella, ayuda idónea y compañera fiel en batallas, al igual que Don Camilo, Química Farmacéutica de la Universidad de Antioquia, motivó a Don Camilo a ser vendedor en la empresa donde ella y Don Ramiro laboraban. Él, quien de ventas no sabía mucho, aceptó sin pensarlo dos veces porque juntos estaban emprendiendo la difícil pero hermosa tarea de formar un hogar.

De todo se aprende en la vida, decían los abuelos, y que claro lo tendría Don Camilo, pues se esmeró día tras día por aprender el arte de vender y hacer su trabajo con excelencia y calidad. Y fue estando allí, recorriendo la planta operativa de la empresa donde trabajaba, abordando con preguntas a los operarios, que tuvo la convicción de lo que aún no existía y la certeza de lo que aún no esperaría.

Una maquina tableteadora y la oportunidad de ser un empresario independiente invadieron la mente de Don Camilo, así que esa idea los acompañaba día y noche y retumbaba en su corazón, pues los pensamientos solo se convierten en anhelos del alma cuando migran de la consciencia a los sentimientos. Por su parte Doña Stella ya comenzaba a investigar distintas fórmulas porque anhelaba generar productos medicinales basados en las plantas y lo apoyaba en todo.

En el ir y venir diario, cuando apenas llevaba como tres meses en su cargo de vendedor, Don Camilo se encuentra en el bus hacia el trabajo, como es frecuente, con Don Ramiro, quien además de ser un referente para él en conocimiento se había convertido en un amigo con el cual compartir una bebida y una buena charla cerca de su lugar de trabajo. Esta vez, más que hablar del clima, del trabajo, de la medicina natural, entre otros temas, Don Camilo le dice a Don Ramiro que quiere hacer empresa y que le gustaría mucho que fuera con él.

El temor y la desconfianza ocupaban la mente de Don Ramiro, quien tenía desde hace muchos años gran estabilidad laboral en la misma empresa donde Don Camilo y su esposa trabajaban. Sin embargo, ver a quien ya consideraba su amigo, tan ilusionado y con tanta seguridad frente a lo que podría suceder, le motivó a comenzar, con mesura, la consecución de aquella máquina tableteadora.

Unos cuantos ahorros, facilidades de pago y el ganarse la confianza de los demás llevaron a Don Camilo y a Don Ramiro a conseguir no solo la maquina tableteadora sino también la estufa que necesitaban para iniciar. Tenían la convicción de que con algo se empieza y que para lograr grandes resultados era necesario hacer grandes sacrificios.

Desde guardar las máquinas en lugares prestados hasta tener que esperar un buen tiempo para conseguir un local donde ponerlas a funcionar, eran algunos de los obstáculos que se les presentaban en el camino.

Pero los dos valientes emprendedores no desistían y por el contrario persistían en sus ideales. Cada uno comprometido y firme en la posibilidad de comenzar a maquilar a granel y poder ofrecer sus servicios a las empresas que comercializaban medicamentos naturales.

1991, El comienzo de Naturales Farmacéuticos

Colocarle nombre a una empresa es casi como decidir el nombre del primer hijo, vienen y van opiniones, surgen diferencias, hasta que finalmente todos están de acuerdo. Don Camilo y Don Ramiro bautizarían la naciente empresa con el nombre de Naturales Farmacéuticos, y como es costumbre en Antioquia, a los grandes nombres les vienen cariñosos diminutivos, por ende, el de su sueño hecho realidad sería NaturFar.

Los primeros pasos de Naturfar fueron en Bolívar con Cuba, sector Prado Centro en Medellín, allí, en un pequeño local, donde pudieron ubicar sus dos primeras máquinas. Parecían un par de niños, quienes después de mucho ahorrar logran comprarse su primer Nintendo, para ellos el local no era tan pequeño como realmente era, ni las máquinas que tenían eran insuficientes, ellos estaban dichosos y celebraban cada paso que su primogénita comenzaba a dar.

Entre numerosos ensayos que llevaban horas y días sin dormir, don Camilo ya había renunciado a la empresa donde era vendedor, pero don Ramiro aún seguía allí, lo que implicaba que don Camilo se encargara de todo mientras que don Ramiro trabajaba pero a su vez alargaba sus jornadas con tal de aportar de su experiencia y conocimiento a la vigente sociedad en el tiempo que le era posible.

Pero cuando el éxito decide hacerse aliado de la vocación y la pasión de seres altruistas, los resultados fluyen y las bendiciones se afanan en llegar. El reconocimiento que don Ramiro tenía en la industria de los medicamentos naturales y sus excelentes relaciones con los distintos empresarios, les permitieron ser tenidos en cuenta.

Entre tanto que don Camilo ponía en práctica todos sus conocimientos en química farmacéutica, don Ramiro aportaba su experiencia técnica y administrativa para proveerle a esos primeros clientes productos de la mejor calidad, a un precio justo y en los tiempos acordados, a fin de ganarse la confianza y de ser reconocidos, desde un principio, por el cumplimiento y la excelencia en la producción.

Al mismo tiempo, doña Stella creaba “Cicalen”, que hasta la fecha es uno de los productos bandera de la compañía, y que además representa el único producto en el mercado con la forma farmacéutica de gel oral de caléndula, pues una de las características de la esposa de con Camilo es ser una ferviente apasionada por la producción de medicamentos naturales.

Por su parte, y aun a sabiendas de que todavía no era el tiempo para recibir un salario y de que lo que ambos aportaban era para inversión y para apalancar el crecimiento de la compañía, don Ramiro decide renunciar a la empresa en la que actualmente se encontraba y así poder dedicarse de lleno a la que a posteriori sería, su segundo hogar.

El crecimiento es el resultado del esfuerzo

Ahora, con más fortaleza y más apoyo, don Camilo y don Ramiro se ven abocados a adquirir nueva maquinaria, pues uno de sus potenciales clientes estaba demandando más y era el momento de tomar decisiones que marcarían el destino de la empresa.

Para el año 1995 aproximadamente, ya contaban con una máquina centrífuga y un molino de martillos, lo que se ganaba se reinvertía y ambos estaban convencidos de que el proyecto iba caminando bien y que iba a salir adelante.

A más maquinaria y más solicitudes de producto, mayor necesidad de espacio y de contratar personal. Don Camilo y don Ramiro veían, al igual que un padre y una madre ven a su hijito crecer, como NaturFar se iba haciendo mayor y requería de la sabiduría y la inteligencia de ambos para tomar decisiones acertadas que beneficiaran a todos.

Uno de los pilares fundamentales para ellos, fue el considerar que primero era el bienestar de sus trabajadores que el de ellos mismos, y que si a ellos no les quedaba algo para ganar, luego de pagarle a todos, lo importante era que cada trabajador recibiera cumplida y seriamente el pago por sus servicios.

Y como cuando hay que cambiar de cuna a cama, NaturFar tuvo que buscar un lugar más grande, pues su cuerpo era cada vez más enorme y aquel pequeño local de Bolívar con Cuba que la vio dar sus primeros pasitos debía quedar atrás.

Don Camilo y don Ramiro, siempre asesorados por personas de confianza, a quienes ellos les tendieron la mano y que durante años han permanecido a su lado, consiguieron una bodega en medio de dos casas antiguas en el Barrio Antioquia.

Sin embargo, la medicina natural, pese a sus bondades, beneficios y excelentes resultados en la salud de las personas, comenzaba a verse afectada por las regulaciones de la Secretaria de Salud, pues las inspecciones empujaban a que se cumpliera con ciertos requisitos.

No obstante, don Camilo y don Ramiro, quienes siempre se han caracterizado por su rectitud y honestidad, acogieron con tolerancia y diligencia cada uno de los lineamientos impuestos e hicieron las adecuaciones e implementaciones que eran necesarias para que su empresa fuera pionera en certificarse y sirviera de ejemplo a los demás productores de medicamentos naturistas.

Los años transcurrían y NaturFar maduraba junto con sus dos mentores. La sabiduría de los años y de las experiencias vividas se reflejaba en la armonía, estabilidad y productividad de cada uno de los colaboradores, quienes en lugar de sentirse obligados a cumplir con un horario y unas tareas, se sentían privilegiados y agradecidos de pertenecer a la familia NaturFar, y así ha sido hasta ahora.

Y es que lo anterior se ha visto reflejado en aquellos que llevan muchos años, que han hecho carrera y que lograron su jubilación en esta maravillosa compañía, que les enseñó a dar lo mejor de sí y a saber que ellos son personas y no máquinas, y que su dignidad y su calidad de vida está por encima de todo.

Pero la historia no termina aquí, NaturFar se extiende a lo largo del territorio colombiano, llevando la medicina natural o la tapa verde, como fue conocida su línea propia, a los más recónditos lugares, siempre buscando que más y más personas pudieran recibir los productos y su salud se viera notablemente mejorada.

No obstante, fue hasta 1997 que NaturFar pudo comenzar a comercializar sus propias líneas en Antioquia, ya que el compromiso hasta entonces, con uno de sus primeros clientes había sido no hacerlo. Pero la confianza que desde antaño despertaron en él, llevó a que aceptara que este acuerdo cambiara.

Las casas viejas que rodeaban aquella bodega hoy en día ya no existen, NaturFar se extendió en tamaño, en personal, en maquinaria, en líneas de producto y por ende en producción.

Hoy en día, doña Stella es un referente en el laboratorio de Naturfar y gracias a ella se han desarrollado muchos de los productos que en la actualidad están en el mercado, personas como ella, que no menguaron cuando todo parecía imposible, que aportaron a sabiendas de lo incierto y que contribuyeron con sus conocimientos y dedicación, son las que hicieron posible el sueño de Naturfar.

Con menos cabello y más canas, 27 años después de comenzar a soñar, don Camilo y don Ramiro siguen allí, velando y fortaleciendo la que ahora es toda una adulta, crecida y madura empresa; con ganas de soltarla para que siga su camino con las nuevas generaciones, pero al mismo tiempo con el corazón aferrado a ella y con el deseo de que se logren más sueños.